Lazos familiares: la Argentina es el segundo país con vínculos más fuertes entre jóvenes, según un estudio
Un estudio en 84 países ubica a la Argentina segunda en lazos familiares fuertes entre jóvenes, un factor que protege la salud mental. Qué dice y cómo leerlo.

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Los lazos familiares fuertes son uno de los factores que más protegen la salud mental de adolescentes y jóvenes, y la Argentina aparece entre los países donde más se conservan. Un estudio internacional realizado en 84 países la ubica en el segundo lugar del mundo, solo detrás de República Dominicana. El mismo trabajo trae también una señal de alerta: casi la mitad de las personas jóvenes del país presenta problemas de salud mental clínicamente significativos.
El relevamiento fue hecho por la organización de investigación Sapien Labs y fue reseñado por Infobae el 27 de febrero de 2026. Se basa en unas 778.000 respuestas válidas.
Los datos sobre la Argentina
- 70% de las personas jóvenes encuestadas dice tener lazos familiares sólidos.
- Segundo lugar entre los países relevados en ese indicador.
- Casi la mitad presenta síntomas de salud mental clínicamente significativos.
- Más del 57% consume alimentos ultraprocesados todos los días.
- 12 a 13 años es la edad habitual de acceso al primer celular.
Los cuatro factores que identifica el estudio
El informe señala cuatro elementos que se relacionan con el bienestar mental de las personas jóvenes:
- Los lazos familiares, como factor protector.
- La espiritualidad, también como factor protector.
- El acceso temprano al celular, como factor de riesgo.
- El consumo de ultraprocesados, como factor de riesgo.
Sobre el primero aporta un dato contundente: quienes no tienen vínculos familiares fuertes tienen cuatro veces más probabilidades de atravesar dificultades graves de salud mental.
Por qué los vínculos protegen
Sentirse parte de un grupo que acompaña ofrece varias cosas a la vez: alguien a quien contarle un problema, una rutina compartida, la sensación de importarle a otros. Costumbres muy arraigadas en el país, como las comidas en familia o los encuentros de fin de semana, funcionan como espacios donde ese apoyo ocurre sin que nadie lo llame así.
No hace falta que la familia sea perfecta ni que tenga una forma determinada. Lo que protege es la calidad del vínculo: que haya al menos una persona adulta disponible, que escuche y que no juzgue.
Cómo leer los dos datos juntos
Puede parecer contradictorio que un país con vínculos familiares fuertes tenga a la vez tantos jóvenes con malestar. No lo es. La familia amortigua, pero no anula el efecto de otros factores, como la situación económica, la incertidumbre sobre el futuro o el uso intensivo de pantallas desde edades tempranas.
También conviene tener en cuenta los límites del estudio. Se basa en una encuesta respondida por internet, de modo que quienes participan no representan necesariamente a toda la población, y describe asociaciones: no prueba que un factor cause el otro.
Qué pueden hacer las familias
- Sostener al menos una comida compartida sin pantallas, aunque sea algunas veces por semana.
- Preguntar y escuchar sin apurarse a dar consejos.
- Estar disponibles en los momentos chicos: un viaje en auto o una caminata suelen abrir más conversaciones que una charla formal.
- Acordar reglas sobre el celular que valgan también para las personas adultas.
En la guía sobre pantallas y adolescentes hay ideas concretas para esas conversaciones.
Cuándo consultar
Un buen vínculo familiar ayuda mucho, pero no reemplaza la atención profesional cuando hace falta. Si notás cambios sostenidos en el ánimo, el sueño, la alimentación o el rendimiento de un hijo o una hija, o si se aísla, conviene consultar. Pedir ayuda no es un fracaso de la familia, como planteamos en pedir ayuda también es una forma de vincularnos. En recursos de ayuda encontrás dónde hacerlo.


